1 durazno grande, en rodajas (quizás necesites más dependiendo de qué tan grande sea tu pizza)
Romero, 1 ramita, picado
Pimienta al gusto
Ricotta, como 1 taza (dependiendo de qué tan grande sea tu pizza)
Pecorino Romano
1 ramita de romero fresco, picado
Albahaca
Aceite de oliva
Ajo negro (opcional pero súper recomendado)
Arúgula, 1 taza
Berro, 1/2 taza (opcional)
Limón, jugo y ralladura
1 masa de pizza, yo usé esta receta, pero usa la masa que tú prefieras.
Preparación
Precalienta el horno a 450 grados F. Engrasa una bandeja grande con aceite de oliva.
Calienta un sartén con aceite a fuego medio y añade los duraznos en rodajas y el romero picado. Cuando la parte de abajo de los duraznos se caramelice, sácalos del sartén y déjalos enfriar. Esto toma unos 3-4 min.
En un bowl pequeño, mezcla la ricotta, Pecorino Romano, pimienta y aceite de oliva.
Estira la masa hasta que quede finita y colócala en la bandeja.
Rocía la parte de arriba de la masa con aceite de oliva y pon cucharaditas de la mezcla de ricotta alrededor de la pizza. No necesitas mucha. Luego agrega rodajas de durazno, unas hojas de albahaca, 1/2 de la pancetta y ajo negro (si lo usas). Espolvorea más Pecorino Romano por encima y asegúrate de que la albahaca quede cubierta.
Lleva al horno y hornea por 15 minutos o hasta que la corteza esté dorada y el queso se haya derretido.
Mientras tanto, mezcla la arúgula, berro, aceite de oliva, limón y un poco de pimienta.
Cuando la pizza salga del horno, ponle la burrata encima y deja que se derrita, luego agrega el resto de la pancetta y la mezcla de arúgula.